El cine postapocalíptico nos tiene sumamente acostumbrados a la acción desenfrenada, explosiones masivas y combates frenéticos en medio de ciudades en ruinas o confrontaciones con hordas de zombies o algún otro peligro irreal, pero de vez en cuando llega una propuesta diferente que decide bajar las revoluciones para poner el foco en la reconstrucción del alma humana.
La Guerra de los Últimos, la más reciente producción cinematográfica de ciencia ficción dirigida por el legendario realizador Ridley Scott busca explorar este aspecto del género. Tras dividir fuertemente las opiniones de la audiencia con la criticada Gladiator II y la divisiva Napoleón, Scott regresa al género que ayudó a forjar adaptando la novela homónima de Peter Heller publicada en 2012. El resultado es una apuesta contemplativa, íntima y sumamente humana que nos recuerda que sobrevivir físicamente en la intemperie no sirve de nada si se descuidan las heridas emocionales del pasado.
Dicho esto, nos queda contestar la pregunta de cajón: ¿vale la pena La Guerra de los Últimos?
¿Qué tal La Guerra de los Últimos?
La historia nos traslada a un futuro devastado tras la propagación de un letal virus de gripe que ha exterminado a casi toda la población mundial. En medio de este desolador panorama, seguimos los pasos de Hig (Jacob Elordi), un exmecánico y piloto civil que sobrevive de forma aislada en un hangar de aviones junto a su fiel perro Jasper, su último y más valioso vínculo emocional con la humanidad. Hig patrulla los cielos en su avioneta, cultiva su pequeña huerta y comparte su refugio con Bangley (Josh Brolin), un duro, desconfiado y cascarrabias exmarine que se preparó minuciosamente para el fin del mundo toda su vida, pero que en el fondo esconde un buen corazón.
La frágil estabilidad de este hogar se ve alterada por la llegada de nuevos personajes, entre ellos la joven Cima (Margaret Qualley) y su padre Pops (Guy Pearce), obligándolos a emprender un viaje donde deberán enfrentar el peor de los peligros: los propios seres humanos
A diferencia de los thrillers de acción comunes, el guión de Mark L. Smith propone una estructura clásica pero muy pausada, donde las conversaciones íntimas bajo las estrellas y las fogatas reflexivas tienen absoluta prioridad. A pesar de este ritmo lento, el largometraje no carece de tensión; los protagonistas se cruzan con violentas tribus asesinas.

Ridley Scott logra un balance sumamente entretenido entre el drama personal de sus personajes y la brutalidad necesaria de las situaciones de peligro, las cuales funcionan como una extensión natural de un mundo hostil en donde cualquier mala decisión conlleva consecuencias letales . De este modo, el tema principal no es solo la búsqueda de recursos para sobrevivir físicamente, sino el complejo proceso del duelo y la necesidad de aprender a soltar el pasado para poder avanzar.
En el apartado visual, la cinta es un deleite sobresaliente que destaca por una ambientación que introduce de lleno al espectador en la desolación del fin del mundo. La bellísima dirección de fotografía de Erik Messerschmidt (reconocido por su labor en Mank y El Renacido) retrata espectaculares locaciones reales de Italia, como Cansiglio, Bordano y los históricos estudios Cinecittà, dotándolas de una iluminación y neblina sumamente envolventes.

Las actuaciones de todo el elenco sostienen con firmeza los conflictos morales e internos de sus personajes. No obstante, es el canino Jasper quien se lleva las palmas al aportar una química entrañable con Elordi, encarnando la lealtad y la esperanza en medio de la ruina. La sutil banda sonora original de Harry Gregson-Williams se acopla perfectamente como un refuerzo de acompañamiento emocional durante los momentos de soledad y vulnerabilidad, sin competir nunca por el protagonismo.
¿Vale la pena La Guerra de los Últimos?
Ahora sí, a lo que vinimos. ¿Vale la pena La Guerra de los Últimos?
Todo depende en gran medida de tus expectativas personales. Si estás esperando un largometraje postapocalíptico convencional repleto de explosiones constantes y acción frenética, la lentitud narrativa del filme te resultará cansada en varios tramos de sus 118 minutos de duración.
Sin embargo, si aceptas el ritmo contemplativo que Scott propone para conocer a fondo las motivaciones de sus personajes, te toparás con un producto sumamente reconfortante, entretenido y esperanzador sobre la reconstrucción del hogar.
Aún con sus grandes aciertos, la cinta tiene fallas narrativas evidentes que limitan su impacto y que marcan áreas claras donde podría mejorar de gran manera. El guión de Smith abusa de diálogos excesivamente explicativos, y la estructura de la supervivencia cae por momentos en clichés bastante genéricos que recuerdan de forma directa a episodios de The Walking Dead.
Del mismo modo, existe un tropiezo notable en la inmersión visual con los impecables vestuarios de Jacob Elordi; ver al protagonista luciendo jeans y abrigos relucientes y limpios en pleno apocalipsis genera la extraña sensación de estar viendo un anuncio de moda en lugar de un auténtico calvario por subsistir.
A pesar de estas áreas de oportunidad en su pulido, la emotiva relación con Jasper, las potentes actuaciones de Brolin y Elordi, y la deslumbrante dirección artística hacen que La Guerra de los Últimos sea una experiencia que vale la pena presenciar.

El acceso a la función de prensa a La Guerra de los Últimos fue proporcionado por Disney. Puedes consultar los criterios de puntuación aquí.