A finales de los noventas, la saga de Resident Evil no solamente popularizó el género de survival horror, sino que también dio pie a un nuevo boom en los videojuegos, siendo los títulos con zombies. Con entregas como Left 4 Dead, la saga de The Walking Dead, Dead Rising, Dead Island, DayZ, State of Decay, entre otros, el apogeo de estos juegos llegó a saturar el mercado en las dos primeras décadas de los 2000. A partir de esta moda, la desarrolladora Techland, quien trabajó en el primer Dead Island, se dispuso a darle un giro al género con Dying Light, creando una franquicia que ahora nos da su tercera entrega en Dying Light: The Beast, la cual estuvimos jugando en estos días justo para contarte qué nos pareció y, claro está, si vale la pena.
Hablemos de…
The Beast supone un auténtico regreso a los orígenes de la serie Dying Light, título que fue lanzado originalmente en 2015, en donde Techland mezcló elementos de parkour en primera persona, un ciclo de día y noche que aumentaba el peligro del mundo abierto y una gran cantidad de misiones secundarias que le daban más vida a la ciudad de Harran. Posteriormente, la desarrolladora lanzó Dying Light 2 que no fue tan bien recibida como la primera entrega por algunos cambios, en especial por no continuar la historia del protagonista principal, pero con esta tercera parte, Techland nos promete un retorno a lo básico.
¿Cuál es la historia de Dying Light: The Beast?
Esta nueva entrega, está ambientada en un mundo postapocalíptico lleno de zombies, donde tomamos el rol del protagonista original, Kyle Crane, en décadas posteriores a los acontecimientos del primer juego. Tras los sucesos ocurridos en Harran, Kyle vagó durante unos años, evadiendo a la maliciosa organización llamada GRE.

Desafortunadamente, nuestro protagonista acabó siendo capturado, torturado y sometido a experimentos durante 13 años por un científico vengativo conocido como el Barón, quien, gracias a la extraña composición del ADN de Kyle, este ha decidido convertirlo en su principal experimento. Ahora, después de que un sujeto de prueba se revelara y causara estragos en las instalaciones, Kyle aprovechó la oportunidad para escapar y jurar vengarse del Barón.
Con esta premisa, es como iniciamos lo que sería la tercera entrega en la saga, adentrándonos en una nueva región, conocida como Castor Woods.

¿Cómo es el gameplay de Dying Light: The Beast?
Con la historia presente, Dying Light: The Beast lleva la serie de vuelta a sus raíces, pero también incluye algunas novedades y mejoras muy interesantes. El juego cuenta con el mismo sistema de parkour y muchas de las mismas armas. Esta entrega ofrece a los jugadores una mecánica totalmente nueva en la que pueden mejorar las habilidades de Kyle y otorgarle varios poderes bestiales.
Para ello, los jugadores cazan enemigos especiales, conocidos como quimeras, que al ser derrotados nos proveerán con “muestras”, las que nos ayudarán a desarrollar los poderes de Kyle, en forma de la nueva mecánica del juego, el sistema Beast. Este sistema le otorga a Kyle habilidades monstruosas, como la superfuerza, lo que le permite levantar objetos pesados cuando activa el modo Beast. También hay habilidades como la supervelocidad, nuevos movimientos como un ataque devastador que elimina a los zombies fácilmente y mucho más. Estas habilidades no solo mejoran el combate de forma atractiva, sino que también resultan altamente gratificantes.

Los enfrentamientos con las quimeras son uno de los puntos positivos de la entrega, ya que cada quimera es significativamente diferente de la anterior y pondrá a prueba las habilidades de los jugadores de diversas maneras, incluyendo la velocidad, la precisión, la paciencia y mucho más.
El juego también incluye varias armas nuevas, que van desde las clásicas armas cuerpo a cuerpo hasta las armas de fuego, como lanzagranadas o lanzallamas, entre otras. La mayoría de estas armas son increíblemente divertidas de usar, y al explorar Castor Woods podremos encontrar versiones mejoradas de estas armas, cuyo aumento en el daño es considerable y utilizarlas es sin duda, muy satisfactorio. Además, podremos modificar las armas con efectos de estado como congelación o toxicidad, lo cual es una tarea intuitiva que aporta variedad al combate.
Por su parte, Dying Light: The Beast también nos otorga un gancho de agarre en el juego muy al estilo del hookshot de Zelda o como un gancho de Batman. Esta herramienta es una gran adición, ya que acelera el desplazamiento y hace que el sistema de parkour sea más fluido. Sin embargo, aunque el sistema de parkour está muy bien implementado, tiene algunos pormenores, como chocar o tropezar con un objeto o un zombie que se cruza inesperadamente en nuestro camino, o que Kyle no se agarre a las cornisas o plataformas cuando debería.

Otro inconveniente del juego es su sistema de progresión. Aunque subir de nivel y adquirir habilidades es bastante sencillo, conservar nuestros puntos de experiencia puede resultar tedioso, especialmente en los modos de dificultad Supervivencia y Brutal, ya que al mero estilo de un soulslike, al morir perderemos experiencia, y en zonas difíciles, podríamos llegar a quedarnos sin experiencia por completo. Como algunas misiones requieren niveles más altos, es posible que tengamos que recurrir a completar misiones secundarias, lo cual interrumpe el flujo del juego, ya que muchas son repetitivas y un tanto mundanas.
Por último, debemos de mencionar que tenemos la oportunidad de jugar Dying Light: The Beast en modo cooperativo con hasta 4 amigos, lo cual le puede dar algo de rejugabilidad y crear momentos únicos y divertidos.
¿Qué tal está el apartado gráfico y de audio?
Visualmente, el juego se podría catalogar como competente. Los gráficos no son malos, pero se puede percibir que se utiliza el mismo motor gráfico que en los juegos anteriores; y este puede demostrar sus años, en especial en lo relacionado con las animaciones faciales de los personajes. La dirección artística del juego también es similar a la de los primeros juegos, y no hay muchos elementos visuales nuevos o impresionantes en las calles y bosques de Castor Woods. En su mayoría se trata de bosques y tejados muy parecidos entre sí, pero, de cualquier manera, estos son adecuados.

En cuanto al audio es un punto un poco más fuerte, con la excepción de los diálogos ya que algunos NPCs parece que están haciendo un trabajo más que una actuación como tal. Un punto destacable son los efectos de los infectados, sobre todo en la noche, ya que los sonidos que estos emiten son dignos de un buen survival horror.
En cuanto al desempeño técnico, a pesar de ser un juego de mundo abierto (y afortunadamente) no encontramos los típicos glitches asociados a esto, la tasa de cuadros se mantuvo estable arriba de 60 a resoluciones 2K con detalles y altos, y por lo general, se siente como un juego bien optimizado.
¿Vale la pena Dying Light: The Beast?
Ahora sí, a lo que vinimos. ¿Vale la pena Dying Light: The Beast?
Esta nueva entrega es un buen ejemplo de la filosofía “si no está roto no lo arregles”. Aunque realmente no viene a innovar el género como lo hizo el original en su momento, cuenta con mecánicas divertidas, nuevos poderes bastante satisfactorios de usar, y en general un mundo abierto de un buen tamaño que explorar. The Beast nos recuerda rápidamente por qué el primero causó tanta impresión. Correr libremente por los tejados y los callejones estrechos, pasar por las ventanas y escapar de las hordas de muertos vivientes por los pelos sigue siendo emocionante. El simple hecho de salir a buscar provisiones y pasar el rato en un entorno inhóspito (en especial se hace en la noche o tras el toque de queda del juego) se vuelve algo muy emocionante y sin duda nos trae momentos que valen la pena.
Donde Dying Light: The Beast vuelve a fallar es en el resto de ubicaciones, que sorprendentemente se enfatizan mucho. Los bosques y los extensos entornos que rodean la ciudad son mucho menos divertidos de explorar porque carecen por completo del aspecto urbano del parkour. Claro, puedes conseguir un coche y disfrutar viendo las fantásticas animaciones de los muertos vivientes trepando por el capó para romper el parabrisas. Pero es una distracción innecesaria que el juego no necesitaba. Sobre todo, porque los coches se rompen con mucha facilidad, lo que provoca más frustración, ya que hay que evitar con cuidado hacer cualquier cosa divertida con ellos, como embestir a los zombis.
Y aunque la historia no es la mejor, en este tipo de títulos solo buscan cumplir una función, la de avanzar el progreso del juego como tal. Tal vez otro punto débil es la necesidad (y es una tendencia reciente) de los juegos de mundo abierto de forzarnos a subir de nivel realizando misiones repetitivas, pero aún así, la experiencia en general es algo que recomendamos, en particular si te gustan los juegos de mundo abierto, los de supervivencia y la temática de horror.

Esta review fue realizada en PC. Esta copia de Dying Light: The Beast fue proporcionada por Techland. Puedes consultar los criterios de puntuación aquí.