Después de varios intentos por lanzar un universo cinemático de DC, con resultados mixtos, el año pasado recibimos la primera entrega del nuevo DCU a cargo de James Gunn, Superman. Con una buena respuesta de la audiencia, y un filme bastante sólido, todo parece indicar que las propiedades intelectuales de DC se encuentran en buenas manos, y ahora toca a la prima del mismo Kal-El, Kara Zor-El, tomar protagonismo en la segunda película de este universo, Supergirl, bajo la dirección de Craig Gillespie, y como siempre, estamos aquí para contestar la pregunta: ¿vale la pena?
¿Qué tal Supergirl?
La historia comienza después de los eventos de Superman, Kara (Millie Alcock) celebra su cumpleaños en un planeta que orbita un sol rojo, ya que esto le permite disfrutar de los estragos del alcohol sin preocuparse por que su fisionomía kryptoniana interfiera.
En este mismo planeta, Krem (Matthias Schoenaerts), el líder de los Brigands, un grupo de piratas y cazarrecompensas, cuya especie se dedica a secuestrar mujeres ya que pertenecen a una raza compuesta por únicamente hombres, se entera de la existencia de un hombre llamado Elias Knoll (Ferdinand Kingsley) y de su talento para fabricar espadas de alta calidad. Con un nuevo objetivo en mente, Krem se dirije a la casa del forjador con el fin de robar su arsenal, y esto culmina con el asesinato de la familia, con excepción de la hija menor, Ruthye (Eve Ridley), quien decide ir a buscar ayuda a un bar con el fin de vengarse.

Es ahí donde Ruthye encuentra a Kara y a su compañero canino, Krypto, misma que, a pesar de su desinterés general y su falta de poderes no puede evitar ayudar a alguien quien lo necesita. Sin embargo, esto traería consecuencias serias para Kara, y en especial para su fiel can, ya que en un enfrentamiento contra Krem, Krypto es envenenado, provocando que Kara tenga solamente 72 horas para encontrar dicho antídoto.
Con esta premisa, Kara no sólo emprenderá un viaje para salvar a su compañero, sino que también descubrirá que ella y su primo no son tan distintos, encontrándose a sí misma en esta travesía.
A lo largo del filme, podremos atestiguar momentos claves en la historia de Kara, como lo sucedido tras la destrucción de Krypton, su primer encuentro con Krypto, y en general, la película busca darnos una explicación un poco más profunda sobre la personalidad actual de Kara, y es aquí donde comienzan a ver las grietas en el guión de la película.
Si bien el desarrollo de personaje es muy importante, Supergirl abusa de un recurso que hemos visto muchísimas veces, el héroe roto por su pasado, y en realidad no lo ejecuta de una gran manera; esta historia ya la hemos visto antes con otros personajes. De la misma manera, el villano principal nunca se siente como amenaza, y se utilizan recursos un tanto absurdos para disminuir las capacidades de Supergirl de forma constante y que la amenaza se sienta un poco más presente, sin embargo, esto entorpece un poco el ritmo de la historia.
Por otro lado, se desaprovechan la oportunidad de explorar una dinámica que es de lo mejor de la película: la inestable y breve alianza con el cazarrecompensas inmortal, Lobo (Jason Momoa) quien sin duda alguna, se roba la película en cada una de sus escenas, y en su lugar se busca incluir a un personaje, que en un mundo lleno de poderes y personajes fantásticos, es difícil de creer, y hablamos de Ruthye, ya que al ser una humana sin poderes que apenas está entrando a la adolescencia, que se enfrente a otros personajes de grandes poderes, es bastante irreal, además que el guión la impulsa a ser una especie de discípula de Kara, pero todas sus interacciones acaban siendo más un sermón que una verdadera lección sobre la moralidad, la venganza y lo que esto puede ocasionar. Sin duda alguna, los arcos argumentales relacionados a ella son los que más entorpecen a la trama, y se puede apreciar que otra versión, donde Lobo es el compañero de aventuras de Kara, tenía un mayor potencial.

Siendo este el primer filme de superhéroes de Craig Gillespie podemos notar que busca emular el estilo de James Gunn, sin embargo, esto no siempre le funciona, algunas escenas de humor, y secuencias con música que caracterizan a Gunn desde Guardianes de la Galaxia no aterrizan por completo, las elecciones musicales no se sienten adecuadas, y acaban sintiéndose como algo forzado, mismo que podría haberse evitado si el director hubiera sido más fiel a un estilo propio.
Dicho esto, la producción en general es buena, con excelentes efectos y secuencias de batallas llamativas, buena fotografía, y a pesar de las debilidades del guión, las actuaciones son muy sólidas, en especial las de Alcock y Momoa.
¿Vale la pena Supergirl?
Ahora sí, a lo que vinimos. ¿Vale la pena Supergirl?
En esta ocasión esto dependerá mucho de expectativas y gustos personales. A lo largo de casi dos décadas del DCU y/o MCU, hemos visto de todo, películas buenas, gran desarrollo de personajes, excelentes efectos y su opuesto, películas que han quedado en el olvido, que la trama nunca conectó, o efectos que parecen sacados de un juego de PlayStation 2.
Para Supergirl esto aplica en el sentido de que, a pesar de ser una película entretenida, su historia no es muy memorable, nos recuerda a entregas como el Daredevil de Ben Affleck, o Thor 2, fueron palomeras y de pronto las olvidamos. A pesar de actuaciones sólidas, la historia se siente sin un peso real, y aunque la premisa de salvar a su lomito es algo con lo que muchos podemos conectar, no está lo suficientemente bien ejecutada, tiene un inicio lento y cuenta con muchos tropiezos que alteran el ritmo, haciendo que se sienta más como una aventura de un capítulo de una serie.
Dicho esto, si eres fan de los superhéroes y quieres pasar un rato hay cosas buenas en Supergirl que puedes disfrutar, pero si buscas un buen argumento o algo más que una película palomera, esta película no es para ti, y en caso de que solo quieras un poco de diversión, es algo digno de verse en su reciente lanzamiento digital.

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